LA INSOPORTABLE INDIGNIDAD DE SER PERIODISTA

Muy cabreado debía andar John Carlin cuando escribió, bajo este titular, un artículo en el diario El País. Por su interés, y porque muchos de nuestros colegas se sentirán identificados al leer lo que cuenta, reproduzco algunas de sus ideas fundamentales:

Periodismo zen. “Cualquier reportero, si es honesto, lo reconoce: el periodismo es un oficio indigno. Siempre esperando, siempre suplicando. Deberían incluir en todos los cursos de periodismo unas buenas sesiones de budismo zen, para que los jóvenes incautos que piensan meterse en este negocio adquieran las dosis necesarias de paciencia, filosofía, paz espiritual”.

Insistencia, y más insistencia. “Lo primero que se requiere para ser reportero es persistencia, admirable virtud condenada siempre a rozar la humillación. Uno llama o envía un correo electrónico solicitando hablar con alguien. Puede ser el asistente del alcalde de un pueblo de 500 personas, o el gerente de marketing de una mediana empresa de tuberías, o un ministro, o un personaje mundialmente conocido. Lo normal es que no te contesten ni a la primera, ni a la cuarta o que, peor todavía, te digan: “Mañana le decimos algo”. Llega mañana y no te han dicho nada. Al final coges el teléfono, llamas de nuevo y más de lo mismo. A veces, al final, te dicen que sí y la entrevista se hace; a veces acabas en nada”.

Lo peor es ser periodista deportivo. “Conseguir una entrevista con un jefe de gobierno o con un líder guerrillero no es fácil, pero es un juego de niños comparado con el calvario de intentar conseguirla con un chaval de 20 años que es millonario gracias a su especial habilidad para patear una pelota. A veces ocurre que, después del denigrante proceso que acabamos de describir, te la conceden. En tal caso es perfectamente posible que llegues al lugar indicado a la hora indicada (incluso después de coger un avión) y te digan: “Perdón, el futbolista ha cambiado de opinión. La haremos otro día”. O que, como en el 90%, tengas que esperar una o dos horas más de lo previsto para tu audiencia con el pequeño rey (porque se demoró en la ducha, porque tenía que rematar el partido de PlayStation). Y entonces, al final, cuando por fin has conquistado la gloria de tenerle enfrente, con la grabadora rodando, te transmite sin ningún disimulo la sensación de que podría estar haciendo cosas mejores (otro duelo de titanes en la PlayStation, comprarse otro Ferrari, tocarse las narices en casa)”.

Declaraciones tontas. “Y después, después de tragarte tanta bilis, el terrible e inevitable desenlace es que no te ha dicho nada que sea remotamente noticia, que agregue una migaja a la suma del conocimiento humano. Como el caso del jugador del Barça que hace una semana nos dijo: “Necesitamos ganar los dos partidos finales para ganar la Liga”, pedazo de banalidad que dio titulares (sí, sí, a esto hemos llegado) en prácticamente todos los diarios españoles”.

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SÓLO LOS NECIOS CREEN QUE EL PERIODISMO MORIRÁ

carlinEl futuro de la prensa es uno de los temas estrella de los últimos meses. Debates, análisis, reflexiones… Quizá demasiadas palabras para una cuestión que, en la práctica, no es tan complicada. Lo cierto es que la prensa de papel tiene los días contados tal como la conocemos hoy. Pero yo no veo en esto ninguna tragedia para la actividad periodística. Al final, siempre perdurarán los buenos periodistas (aunque haya muchos compañeros que caigan en el camino) frente a advenedizos y ciberiluminados iletrados que vienen a dar lecciones cuando, en realidad y a diario, se demuestra que no tienen mucho que contar.

El buen periodismo consiste en contar cosas interesantes y explicarlas de forma amena. Esto es algo que ha interesado a los consumidores de medios de comunicación desde siempre y que seguirá interesando. Salvo, claro está, que se produzca un retroceso en la evolución del ser humano (estamos en el año de Darwin) y en vez de una mejora intelectual de las personas, demos un paso atrás en dirección al precipicio de la estupidez. Los que deseen esta última posibilidad, que no se preocupen, que también tienen su sitio, sobre todo en Internet.

Lo que sí será Internet (ya lo es) es el gran medio de comunicación del futuro y donde el buen periodismo va a cosechar sus mejores frutos. Ahora, de momento, estamos entretenidos en cuestiones menores como plazos, ritmos, formatos, soportes, que si la muerte del papel… La invención del frigorífico fue una gran tragedia para las antiguas fábricas de hielo, pero la gente siguií queriendo enfriar sus alimentos. De la misma manera, es evidente que el periodismo tiene un gran futuro. ¡Hay que estar ciego para no verlo!

Un análisis extraordinario sobre el tema lo dio el gran John Carlin (en la foto) en el artículo ‘El momento crucial’ publicado por El País (en su versión en papel y en la web, que es lo mismo, que muchos hablan de estos medios como si fueran soportes enemigos y no complementarios). Un reportaje excelente de los que espero seguir leyendo  en Internet dentro de 15 años cuando el papel haya pasado a la historia.

En el reportaje, Philip Bennett, jefe de redacción de The Wasington Post, confiesa que no tiene nada claro futuro de la prensa, “salvo la convicción de que el ser humano seguirá queriendo que le cuenten historias y se las cuenten bien. Si no se descubre un modelo de negocio viable para que un periodismo como el de hoy, y como el de tiempos de Dickens, se pueda sostener en la era de Internet (mientras dure), es posible que el número de diarios se siga reduciendo y que menos personas se ganen el pan haciendo periodismo. Pero, en el peor de los casos, los buenos sobrevivirán. Como dice Benjamín Lana, habrá muchas personas escribiendo muchas cosas en muchos ordenadores, “pero la pregunta sigue siendo la de siempre: ¿qué tiene usted que contar?”. Y si tiene cosas valiosas de contar, se le leerá. No es ninguna casualidad que, como comentó Philip Bennett, las seis historias de The Washington Post que ganaron premios Pulitzer el año pasado estuvieron entre las más vistas en la historia de la edición web del diario. Trataban de Dick Cheney y de Irak, pero también de un violinista que se ganaba la vida en el metro de la capital estadounidense”.

Esto ha sido un aperitivo de este exquisito trabajo. Si no te lo has leído, ahora puedes hacerlo pinchando aquí.