21 DÍAS: REPORTERISMO DE INMERSIÓN EN TV

samanta_villar_21_dias_24_horas_piel_otros1Cuatro, el canal del Grupo Prisa, ha introducido en España un formato de televisión, ya puesto en marcha en otros países, que consiste en ponerse en lugar de los que no lo pasan bien en esta vida, para mostrar lo que se experimenta. Se trata de un programa mensual llamado “21 días”.

 

El pasado viernes se emitió el pasado viernes, y en él la reportera Samanta Villar mostrará su última experiencia que consistió en pasar hambre durante tres semanas. El objetivo era ver qué sienten las personas que padecen anorexia o bulimia.

 

Samanta siguió un riguroso control médico desde la Unidad de Trastornos de la Conducta Alimentaria de un hospital de Madrid, que le realiza pruebas para ver qué cambios sufre después de 21 días viviendo 24 horas al día en ayuno. Además del protagonismo de la reportera, el programa también mostró casos reales, como el de Pilar, una mujer de 33 años ingresada por tercera vez y que asiste a un grupo de terapia para adultos en la Unidad de Psiquiatría del hospital Reina Sofía de Córdoba, al que también asisten Carmen, Macarena y Pedro.

 

El primero de estos programas se emitió hace un mes. En aquel caso, Samanta Villar se puso durante 21 días en la piel de una “sin techo”. Para eso, intimó con un grupo de personas cuyo día a día transcurre entre cartones, frío y soledad. En ese tiempo, sin dinero ni ropa de abrigo, pero armada con un diario en forma de cámara doméstica, durmió bajo los soportales de la plaza Mayor de Madrid o en un cajero automático donde a las seis de la mañana los guardas jurados “nos echaron sin contemplaciones”, recuerda.

 

En su vía crucis, rebuscó en la basura para comer y los lavabos de los parkings se convirtieron en improvisados aseos. Porque como apunta Andrés, uno de los sin hogar, “la calle genera tus propios recursos”. Cuando Samanta regresó al mundo real lo hizo con la sensación de “abandonarles a su suerte” y explica emocionada que “siempre se sintió protegida” por los indigentes. “Me llamaban princesita y me aconsejaban”, declara. “Además estaban encantados de que alguien les prestara un poco de atención, se preocupara por ellos, y que después su dura existencia se reflejara en un programa de televisión”, añade.

 

El objetivo de este tipo de periodismo, según Samanta, está claro:  “Hay problemas que sólo se entienden cuando se experimentan en la propia piel”. Y así puede narrarlo con toda su crudeza “sin juicios ni prejuicios, con lágrimas, con sonrisas, con miedos, pero siempre con la verdad”.

 

Elena Sánchez, directora de Contenidos de Cuatro, califica 21 días de “reporterismo de inmersión” y señala como referente de esta forma de observar la realidad y filmarla, “sin adornos ni efectismos”, la película documental Super size me, en la que su director, Morgan Spurlock, investigaba en su propio cuerpo los efectos de la comida basura.

En la web de Cuatro puedes ver algunos vídeos de estos programas. Para ver el correspondiente al último programa, pincha aquí.

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IÑAKI GABILONDO: “TENEMOS QUE DUDAR DE NUESTROS PROPIOS PUNTOS DE VISTA”

inaki-gabilondoEn el número de febrero de EMPRENDEDORES publicamos una entrevista con Iñaki Gabilondo, realizada por nuestra colaboradora Rosa Luz. La hemos incluido en la sección Bonus. Aunque se trata de una sección de estilo de vida, como no podía ser de otra manera algunas de las preguntas tienen que ver con la gran pasión de Gabilondo: el periodismo. Por su interés, recojo aquí algunas de las respuestas más interesantes.

Televisión, radio… ¿Con qué se queda de cada una?

Después de 40 años la radio es mi profesión. La televisión representa un elemento muy complementario para mi. Ambos tienen sus particularidades. La radio es como un reloj de pulsera, tú vives tu vida y la radio está ahí. Es como una especie de segunda voz. En el caso de la televisión es todo lo contrario, exige exclusividad. Por otro lado, mientras que en la radio todo gira en torno a la actualidad, en la televisión la información comparte escenario con todo tipo de programas de entretenimiento y se tiene una particular sensación de extranjería. Oficialmente y sin disimulo, es el medio menos relacionado con la información y más con el espectáculo. Se vive más en ese carácter. 

Más de 40 años en la radio. ¿No la echa de menos?

En el programa de radio que dirigía y presentaba (Hoy por Hoy en la Cadena Ser) existía una gran variedad argumental y se tenía contacto con los oyentes y con las diferentes realidades del día a día, de la vida… No es que lo eche de menos, porque ya no volvería a la radio, ese tiempo quedó atrás, pero es lo que recuerdo con más placer de mi historia en la radio. Yo pongo el ejemplo de que soy un gran pianista, bueno, malo o regular, que ahora toca el violín. No es que no sepa tocar el violín… en el violín soy uno más. Pero en el piano era un gran intérprete, creo yo. 

¿Qué le ha enseñado el periodismo que aplica en su vida?

Primero, que es muy difícil saber quién tiene la razón. Enseña a dudar de las verdades muy absolutas. A dudar de tus puntos de vista y a respetar más las posiciones de los demás. Y luego te enseña lo dificilísimo que es ser entendido, comunicar. Es impresionante la cantidad de equívocos y malos entendidos que existen en la vida, y muchos más en esta profesión. 

Tal vez porque la realidad es demasiado compleja y global.

Lo más complicado es ser suficientemente humilde para entender que necesitas muchísima información para tener opinión porque efectivamente es muy compleja. Y la segunda gran dificultad radica en cómo se cuenta la complejidad en tan poco tiempo: la actualidad te obliga a observar con una mirada cada vez más extendida, sin embargo, el relato ha de ser más resumido y más afinado. Y esto ocurre, no porque el periodismo sea impaciente sino porque la gente no tiene tiempo para dedicarle eso mismo: tiempo. 

Entonces, ¿la información se ha convertido en un producto de consumo?

En la actualidad, se recibe tal millonada de impactos, que el cerebro humano es incapaz de digerirlos. Y no se están transmitiendo como consecuencia de la voracidad informativa de la gente, sino de la lógica interna de la empresa de comunicación que es una fábrica de producir información.

Parece que ahora la sociedad casi tiene la obligación de estar informada en todo.

Y existe un mito que dice que aquel que se informa bien a través de los medios de comunicación pasa de la ignorancia al conocimiento. Y eso es mentira. En todo caso, alcanzas un primer nivel de ese conocimiento. Pero, ¿quién tiene ganas, humor, afición, paciencia y tiempo para que, una vez de que sabes que Zimbawe está muy mal, enterarte mejor de lo que está ocurriendo allí? Y es muy peligroso no saber qué está pasando, para no quedar mal en las reuniones de trabajo, pero si les preguntas qué ocurre exactamente, sólo lo tendrán claro quienes hayan profundizado en el tema.

Usted cuenta con una amplia experiencia en la entrevista en directo. ¿Qué se esconde detrás de esta fórmula? 

La entrevista en tiempo real es una cosa entre tres: el que pregunta, el que responde y el reloj. Y éste es importantísimo porque a veces buscas un mensaje concreto que ves que no llega. Todas las entrevistas que he realizado han sido en directo, intentando conducir la conversación lo mejor posible, pero no tengo ni idea de lo que percibe el oyente o espectador, ni le puedo decir: “¿se ha dado cuenta usted de la idiotez que nos acaba de decir?”. Pero en esta situación se produce un impacto más cálido y más directo, donde se percibe un mensaje muy sutil pero palpable: la credibilidad o no del entrevistado.

¿ES POSIBLE HACER PERIODISMO EN MATRIX?

holograRecomiendo la lectura del reportaje ‘Holografías, pantallas táctiles…’ que Bárbara Celis publica en El País del domingo. Un gran trabajo en el que se detalla el uso que las cadenas de EE.UU. han hecho de las tecnologías más punteras durante la pasada campaña electoral.

Se trata de un claro ejemplo, uno más, de cómo la información televisiva se va alejando del periodismo para deslizarse a pasos agigantados hacia la industria del entretenimiento. Y no digo que esto sea ni bueno ni malo, sino que es sencillamente lo que es: cada vez menos periodismo y cada vez más espectáculo.

Según el reportaje de El País, las innovaciones más destacadas fueron las siguientes:

  • La NBC fue la que desplegó la imagen más galáctica. Utilizando el llamado sistema Brainstorm 3D, hasta ahora exclusivo de Hollywood, consiguió que sus periodistas interactuaran físicamente con los datos electorales en un estudio con fondos virtuales que emulaban el Capitolio estadounidense y donde los números y los gráficos aparecían y desaparecían frente a ellos a velocidades de vértigo.
  • La cadena Fox creó cubos en 3D en cuyas diversas paredes se mostraban pantallas en las que se veía a otros presentadores situados en diferentes estudios
  • Las pantallas táctiles fueron utilizadas prácticamente por todas las cadenas, aunque las de la CNN, de gran tamaño, fueron las más llamativas.
  • La CNN protagonizó la acción más impactante con la entrevista que el periodista Wolf Blitzer le hizo en directo a la reportera Jessica Yellin, que apareció en Washington bajo forma de holograma cuando en realidad estaba en Chicago, como si se tratara de Obi-Wan Kenobi en ‘La guerra de las galaxias’. Horas después, el periodista Anderson Cooper teletransportaba desde esa misma ciudad hasta su estudio a will.i.am, el músico que le hizo la canción al Yes we can de Obama.

Lo dicho: la información televisiva parece estarse enfocando cada vez más hacia el entretenimiento. En próximos posts tocaremos varios ejemplos de programas de TV españoles en los que, bien es cierto que a otros niveles, parece confirmarse esta tendencia: actores disfrazados de reporteros, tertulias-gallinero ocultas tras formatos de debates serios, predominio de las noticias-espectáculo sobre las noticias-relevantes, paparazzi carroñeros acosando a famosos de mediopelo…

Cualquier cosa vale con tal de que estimule la emoción (la más simple), las pasiones (las más bajas), las sensaciones, el amarillismo. Y la pregunta del millón: ¿por qué renuncian los canales al análisis y la reflexión? ¿Es incompatible el libre pensamiento con el formato televisivo?


LOS GUIÑOLES: LA FUERZA DEL HUMOR EN LA CRÍTICA POLÍTICA

El humor, en medios de comunicación, no tiene nada de inocente. En ocasiones resulta un instrumento para transmitir una línea editorial mucho más eficaz que los más sesudos artículos de opinión, editoriales o reportajes que defienden una u otra línea política.

Acaba de salir la noticia de que los guiñoles de Cuatro (antes de Canal +) nos dicen adiós después de 13 años ironizando sobre la actualidad política española. El formato de los guiñoles aterrizó en Canal + en 1995 como versión española de ‘Les Guignols de l’Info’, emitido en el Canal + francés. Todos los grandes políticos de la última década han tenido su guiñol: Zapatero, Aznar, Felipe González, Rajoy… Y con ellos se ha dado una versión irónica de la actualidad política. Lógicamente, como no podía ser de otra manera, se trataba de una visión nada inocente y la mayoría de las veces tendenciosa. No eran objetivos, pero tenían su gracia.

¿Por qué es tan eficaz el humor en la crítica política? El humor, aunque no sirve para desarrollar grandes ideas ni planteamientos profundos, sí tiene una capacidad de llegar al gran público. Precisamente por la simplificación que hace de la realidad. Y porque tiene a un público entregado, que está deseando ver cómo se caricaturiza y ridiculiza a los políticos contrarios a su ideología. En el caso de Cuatro y los guiñoles, como todo el mundo sabe los más ridiculizados son los políticos del PP. Los más favorecidos, los del PSOE.

Lo dicho: el poder que tiene el humor como instrumento de crítica política es enorme por la simplificación que hace de la relidad. Ahí está su gran fuerza, pero también… su gran peligro.